El Café del Comercio se instaló en 1886 en el paseo de los Mártires, esquina con la calle de Bilbao, siendo uno de los más lujosos de todo los abiertos hasta entonces en la ciudad. En el mismo local, ya en el siglo XX, Luis Martínez abriría otro clásico y suntuoso café: el Café Central..
La aparición de los cafés como tales en Alicante está estrechamente ligada a un momento político concreto; la consolidación del régimen constitucional en España. Antes de esa etapa, en la ciudad ya existían algunos locales que se hacían llamar "cafés", pero se trataba en realidad de plantas bajas pequeñas y poco higiénicas, amuebladas apenas con unas modestas mesas, sillas de anea y un servicio sencillo de cristal y loza de Manises. Difícilmente podían considerarse cafés en el sentido posterior del término, ya que en ellos únicamente se servía esa bebida y, como mucho, se ofrecía una baraja de naipes a quienes se acercaban a distraerse.
Con una población alrededor de los 15.000 habitantes, la Alicante de comienzos del siglo XIX apenas contaba con cuatro o cinco establecimientos de este tipo, mal vistos por buena parte de la ciudadanía y con escasa clientela habitual. Las autoridades municipales, además, limitaban severamente su actividad: los cafés solo podían permanecer abiertos hasta las nueve de la noche en invierno y las once en verano, y quien fuera sorprendido por la ronda nocturna saliendo de uno de ellos se exponía a una multa considerable. La sociedad de la época, por su parte, recelaba de los contertulios habituales, a quienes acusaba de descuidar "las expansiones del espíritu" por entregarse a las del cuerpo.
En aquella etapa de régimen absolutista, los pocos cafés existentes se repartían entre la plaza de Entre Dos Puertas (actual plaza de San Cristóbal), la calle de la Cruz de Malta —frecuentada por marineros por su cercanía al puerto—, y algún otro local disperso por los arrabales de San Francisco y San Antón, así como en el naciente Barrio Nuevo, en la plaza de Santa Teresa (hoy plaza Nueva). Fue con la implantación definitiva del régimen constitucional cuando pudieron surgir, sin trabas, sociedades culturales y de recreo, multiplicándose así el número de cafés en la ciudad.
Entre 1835 y 1856, uno de los locales más concurridos fue el propiedad de José Martínez, apodado "El Panderetes", situado en el paseo de la Reina (actual Rambla de Méndez Núñez). Su clientela estaba formada mayoritariamente por los sectores más exaltados del partido Progresista, vinculados a la llamada partida de "la Capa". Durante el pronunciamiento de Pantaleón Boné en 1844, este café sirvió de punto de encuentro para recibir instrucciones del jefe civil del movimiento, lo que llevó a que su propietario fuera buscado con insistencia por la policía tras la entrada de las tropas de Federico Roncalli en la ciudad.
La construcción del Teatro Principal en 1846 impulsó la apertura de nuevos y elegantes cafés en sus inmediaciones:
- Café de la Iberia, propiedad de Antonio Mas Gil desde 1864, situado frente al teatro y frecuentado por afiliados a la Unión Liberal.
- Café de Paredes, hacia 1866, considerado el más elegante de la ciudad, célebre por su leche merengada y sus barquillos rellenos, y punto de reunión habitual de periodistas, artistas e ingenios locales.
- Café de Gorcet, fundado por Gregorio Vallejos poco antes de la Revolución de Septiembre de 1868, frecuentado por artistas del Teatro Principal y republicanos moderados.
- Café de Chaumet, en la Rambla, propiedad de Jaime Barrachina, lugar de reunión de los republicanos más acérrimos de la ciudad.
La llegada del ferrocarril a Alicante en 1858, que conectó la ciudad con Madrid, disparó el desarrollo comercial e industrial y trajo consigo cafés cada vez más lujosos, comparables a los de la capital:
- Café del Universo, abierto en 1863 en la calle de la Princesa (actual Altamira), de ambiente marcadamente liberal y sometido a estrecha vigilancia policial por la lectura de prensa democrática entre sus contertulios.
- Café de los Dos Reinos (luego de las Dos Naciones), inaugurado hacia 1864 junto a la plaza de la Constitución, que alojó en sus pisos superiores primero al Casino y después a la Tertulia Progresista Democrática.
- Café Suizo, próximo al mar, muy popular entre los marinos que visitaban el puerto y entre los afiliados al Gran Oriente Español.
Junto a los establecimientos más selectos, proliferaron cafés de carácter más popular, cada uno con su sello particular:
- Café de Juanico, refugio de los seguidores del espiritismo de Allan Kardec;
- Café del Palamonero, famoso por sus buñuelos;
- Café del Catiu, en la plaza de la Constitución;
- Café del Tío Ramón;
- Café del Tío Pino, frecuentado por militares y aficionados al teatro por su cercanía al cuartel de San Francisco;
- Café del Mellat, célebre por su agua de cebada;
- Café del Tío Antonio Navarro;
- Café del Tío Rico, el único al aire libre que tuvo la ciudad, montado en verano junto al paseo de la Reina.
Mención aparte merece el Café y Teatro de Variedades, que desde el verano de 1869 combinó funciones teatrales por horas con el servicio de café, ofreciendo por apenas 25 céntimos una consumición y una pequeña obra de zarzuela o género bilingüe.
Los grandes cafés literarios de finales de siglo. Con el cambio de siglo llegaron los establecimientos más lujosos y con mayor huella cultural en la memoria alicantina:
Café del Comercio, inaugurado en 1886 en el paseo de los Mártires, uno de los más lujosos de la ciudad hasta entonces. En su mismo local nacería después el célebre Café Central.
Café del Barrio de Benalúa, abierto en 1890 al calor del crecimiento de ese barrio.
Café Español, el más célebre de todos, surgido pocos años después del Café del Comercio y convertido en un auténtico clásico de la vida alicantina. Mantuvo sus puertas abiertas en el paseo de los Mártires hasta 1928, siendo durante décadas sede de una famosa tertulia de escritores y periodistas que, según se dijo tras su cierre, influyeron notablemente en la vida cultural de la ciudad.
Con el paso de las décadas, acudir al café dejó de ser un simple pasatiempo para convertirse en una costumbre casi imprescindible en la vida social alicantina. A la elegancia del mobiliario y la calidad del servicio se sumó la celebración de conciertos a cargo de pianistas, cuartetos y sextetos, que convirtieron estos espacios en auténticos centros de vida cultural, tertulia política y encuentro artístico —el escenario, en definitiva, donde generaciones de escritores, periodistas y ciudadanos alicantinos forjaron buena parte de la historia social de la ciudad durante el siglo XIX.

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TITULO: Los cafés de Alicante en el siglo XIX | Copyright ©
PUBLICADO EL: 12/08/2026 ©
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