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miércoles, 26 de agosto de 2026

De Lucentum a Al-Laqant, Alicante islámica

 
La historia del Alicante medieval

Introducción
Entre la caída del poder visigodo y el final del siglo XV, Alicante vivió una de las transformaciones más intensas de toda su historia: pasó de ser una modesta madina islámica dependiente de distintas taifas a convertirse en una villa cristiana fortificada y, finalmente, en una ciudad portuaria con proyección mediterránea. Este artículo recorre, apoyándose en fuentes históricas y divulgativas disponibles en la web, las principales etapas de ese largo proceso; la Alicante musulmana de Al-Laqant, la conquista castellana de mediados del siglo XIII, casi medio siglo de soberanía de Castilla, la incorporación definitiva a la Corona de Aragón en 1296 y el crecimiento bajomedieval que culminó con la concesión del título de ciudad en 1490.

De Lucentum a Al-Laqant: la Alicante islámica
Antes de la llegada del islam, el asentamiento que dio origen a Alicante había pasado ya por las etapas ibérica (Akra Leuke) y romana (Lucentum). Tras la conquista musulmana de la península, iniciada en el año 711, el territorio quedó bajo control islámico apenas siete años después; entre el año 718 y el 4 de diciembre de 1248 la ciudad cayó bajo dominio islámico, pasando a llamarse Medina Laqant o Al-Laqant, y durante ese periodo siguió los destinos de Al-Ándalus, perteneciendo tras el desmembramiento del Califato de Córdoba a las taifas de Denia y Almería

El origen administrativo de este dominio se remonta al llamado pacto o Tratado de Teodomiro; en el año 713 las huestes musulmanas, procedentes principalmente de Egipto, ocuparon el territorio tras la capitulación del visigodo Teodomiro, que dominaba gran parte de las actuales provincias de Murcia, Alicante y Albacete, de modo que Teodomiro pasó a llamarse Tudmir y el territorio fue denominado Cora de Tudmir. Alicante, bajo el nombre de Laqant, figuraba entre las ciudades incluidas en aquel pacto, lo que revela su temprana importancia administrativa en la organización fiscal musulmana de la zona.

Durante los siglos de dominio islámico, la ciudad tuvo un tamaño modesto pero una fisonomía urbana bien definida. En tiempos de moros, Medina Laqant era una pequeña población con una medina amurallada y la alcazaba situada en el monte Benacantil. Durante el período musulmán la ciudad estaba formada por el castillo, la mezquita, el zoco, el cementerio, la Puerta Ferrisa y la muralla, con un urbanismo radial en abanico y una arquitectura militar fuerte, en un entorno inmediato de huertas y con una economía artesana, agrícola y de comercio terrestre y marítimo. La actual iglesia de Santa María ocupa, de hecho, el solar de la que fue mezquita mayor de la medina.

Los cronistas geógrafos árabes dejaron constancia de su vocación marinera; Al-Idrisi dio noticia de la orientación portuaria y naviera de Laqant, y bajo los almohades el Sharq al-Ándalus experimentó cambios como la creación de nuevos distritos y el refuerzo de las fortificaciones, acogiendo además a población islámica desplazada por el avance cristiano en la península. La crisis del poder almohade tras la derrota de las Navas de Tolosa (1212) abrió paso a nuevos poderes locales y, finalmente, a la ofensiva cristiana que pondría fin al periodo islámico en la ciudad.

La conquista cristiana: entre Aragón y Castilla (1244-1248)
El destino de Alicante en el siglo XIII quedó marcado por un acuerdo diplomático antes que por las armas. El 26 de marzo de 1244, Alfonso X (entonces todavía infante) firmó con Jaime I de Aragón el Tratado de Almizra, que estableció las fronteras entre ambos reinos. Aquel tratado fijaba que la futura frontera pasaría por Petrel y Villajoyosa, dejando la ciudad de Alicante en zona castellana, dentro de la línea Biar-Busot que separaría los futuros reinos de Valencia y de Murcia.

Ante la falta de acuerdo con el gobernante local, el rey Zayyan llegó incluso a ofrecer a Jaime I intercambiar Alicante por la isla de Menorca, oferta que el monarca aragonés declinó por respetar lo pactado en Almizra, dejando así vía libre a la intervención castellana. La toma de la ciudad no fue, sin embargo, un episodio único sino un proceso escalonado. Según la documentación conservada, el gobernador de Alicante no aceptó las condiciones de un primer pacto y fue obligado a abandonar el área junto a numerosos pobladores en 1247, fecha en la que comienza la soberanía castellana sobre Alicante, mientras que la rendición definitiva de la fortaleza se sitúa un poco después. La conquista militar se completó el 4 de diciembre de 1248 con las tropas del rey castellano, comandadas por su hijo el infante Alfonso, y fue entonces cuando Alfonso X, ya dueño de la villa, dio al castillo árabe levantado sobre el monte Banu-l-Qatil (de donde deriva "Benacantil") el nombre de Santa Bárbara, por coincidir la conquista con la festividad de esa santa.

Conviene señalar que, pese a la solidez de esta tradición, la fecha exacta no está exenta de debate historiográfico; existen dudas entre 1246, 1247 y 1248 como año de la conquista de la ciudad por el infante don Alfonso, y algunos historiadores actuales llegan a cuestionar el propio relato tradicional sobre las circunstancias precisas de la toma.

Casi medio siglo bajo la Corona de Castilla (1248-1296)
Tomada la ciudad, Alfonso X impulsó de inmediato su repoblación e integración en el reino castellano-murciano. A partir de 1252, y hasta 1272, Alfonso X concedió cuarenta privilegios a los habitantes de Alicante, entre ellos el más relevante: el 25 de octubre de 1252 el rey otorgó a Alicante el llamado Fuero de Córdoba, el mismo que su padre Fernando III había concedido a aquella ciudad andaluza, dotando así a la villa de un marco jurídico propio para atraer y organizar a los nuevos pobladores.

La repoblación cristiana, sin embargo, fue lenta y desigual. El bajo crecimiento demográfico se explica por la aridez del terreno y la escasez de lluvias, que reducían la producción agrícola, pero también porque la conquista trajo consigo un nuevo modelo de poblamiento del que solo se beneficiaron ciertos grupos sociales, a lo que se sumaba la inseguridad de la costa por los ataques de piratas o de enemigos como el cercano reino nazarí de Granada. Por ello, buena parte de la población musulmana permaneció en el territorio: mientras los cristianos se instalaron en la ciudad o villas fortificadas, los musulmanes se trasladaron mayoritariamente al campo, salvo quienes formaron un barrio morisco en la ladera del castillo, en un proceso de segregación espacial que dio lugar, con el tiempo, a la ampliación urbana de la "vila vella" (el núcleo islámico) con la "vila nova", extendida extramuros hacia la zona llana junto a la costa.

Este nuevo trazado urbano cristiano dejó una huella material que ha llegado hasta hoy. Los vestigios arqueológicos de los edificios adosados a la muralla del siglo XIII, de unos cuatro metros de anchura, corresponden a comercios y almacenes o "botigues", y los castellanos construyeron un segundo anillo de muralla frente al mar, que se prolongaba hasta la Puerta de la Huerta, del que aún se conserva un tramo junto a la Calle Mayor, uno de los dos ejes ortogonales principales de la villa medieval junto con la calle de Labradores, que ascendía junto a la iglesia de San Nicolás.
Este periodo de soberanía castellana, no obstante, sería relativamente breve: apenas cuarenta y ocho años, marcados por la condición fronteriza de la villa entre dos coronas y por su papel de puerto próximo a la Corte castellana.

La incorporación a la Corona de Aragón (1296)
El final del dominio castellano llegó de la mano de una crisis dinástica. Tras la muerte de Alfonso X en 1284, se abrió una disputa sucesoria entre su hijo Sancho, que fue proclamado rey como Sancho IV, y su nieto Alfonso de la Cerda, a quien apoyaba la Corona de Aragón. A la muerte de Sancho IV en 1295, el rey aragonés Jaime II financió una nueva campaña de Alfonso de la Cerda para desestabilizar Castilla, a cambio de la promesa de que este cediera el Reino de Murcia —del que formaba parte Alicante— a la Corona de Aragón una vez alcanzara el trono.

Aprovechando ese contexto, Jaime II lanzó una campaña militar sobre el territorio murciano. Tal día como el 22 o 23 de abril de 1296, el ejército del rey Jaime II —conocido como "el Justo"— entró en Alicante y completó la conquista del territorio comprendido entre el puerto de Biar y el río Segura. La resistencia final tuvo un episodio recordado por la tradición local: el alcaide castellano del castillo, Nicolás Peris, se negó a entregar las llaves de la fortaleza incluso cuando ya estaba acorralado, por lo que los soldados aragoneses tuvieron que cortarle la mano tras su muerte para poder retirárselas, episodio hoy recordado con un monumento en el interior del Castillo de Santa Bárbara.

La anexión aragonesa quedaría ratificada años más tarde por la vía diplomática: en la sentencia arbitral de Torrellas de 1305, el rey castellano Fernando IV recuperó el dominio sobre Murcia y Cartagena, mientras que Alicante, Elche y Orihuela quedaron incorporadas definitivamente a los dominios de Jaime II. Desde entonces, y ya de forma permanente, Alicante formó parte del reino de Valencia dentro de la Corona de Aragón, integrada en la llamada Gobernación de Orihuela.

La villa bajomedieval: economía, sociedad y fortificaciones
Durante los siglos XIV y XV, ya bajo soberanía aragonesa, Alicante consolidó su perfil como villa portuaria orientada al comercio mediterráneo. La época medieval en Alicante presenta una actividad mercantil orientada sobre todo hacia el exterior: a la herencia musulmana se sumó la llegada de cristianos, configurando un núcleo urbano consumidor de productos foráneos pero también con dedicación agraria y necesidad de exportación, en una zona de paso en las rutas hacia el mundo musulmán de Granada y el norte de África, de modo que el destino de la ciudad quedó estrechamente unido a su puerto.

La vida cotidiana de la villa medieval estaba profundamente marcada por la religiosidad y por una percepción del tiempo muy distinta a la actual. La sociedad medieval alicantina tenía una fuerte religiosidad que abarcaba todos los ámbitos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, aunque poco a poco fue creciendo un sentimiento laico; además, el tiempo se percibía de forma cualitativa más que cuantitativa, guiándose la población por festividades, jornadas laborales, cosechas, pagos agrícolas, temporadas de pesca o mercados, más que por una cronología exacta.

El sistema defensivo de la villa se fue reforzando a lo largo de los siglos XIV y XV en respuesta a los conflictos entre coronas peninsulares. De esta nueva construcción, realizada según el modelo urbano medieval levantino, destacan la calle Mayor y la de Labradores, y fue el rey Pedro IV "el Ceremonioso" quien volvió a fortificar las murallas tras la guerra castellano-aragonesa, hacia 1376, centrándose principalmente en la Torre del Esperó, junto al Portal Nou. Ya en el siglo XV, la ciudad de Alicante contaba con un doble recinto fortificado: el islámico, que envolvía la Villavieja, y un segundo recinto construido entre los siglos XIII y XIV para defender el arrabal de San Nicolás.

El final de la Edad Media: de villa a ciudad (1490)
El crecimiento demográfico y comercial de Alicante a lo largo del siglo XV culminó con un reconocimiento institucional de primer orden. La villa de Alicante alcanzó la consideración de ciudad en 1490, bajo el reinado de Fernando el Católico, tan solo dos años antes de la caída del reino nazarí de Granada. Como explica el historiador Enrique Giménez López, citado por el Puerto de Alicante, fueron la condición portuaria de la villa medieval, la riqueza generada en torno a su tráfico marítimo y la colaboración prestada a los Reyes Católicos durante la guerra de Granada los argumentos que elevaron a Alicante a la categoría de ciudad.

El dinamismo comercial de aquellas décadas finales del medievo queda reflejado también en los restos arqueológicos del entramado urbano. Fue tal la importancia que iba adquiriendo Alicante durante el siglo XV que el rey Fernando el Católico elevó su rango de villa a ciudad en 1490; la población seguía creciendo, y se estima que en 1499 alcanzaba ya unos 3.010 habitantes, cifra modesta según los parámetros actuales pero significativa para una villa que apenas dos siglos y medio antes había sido una pequeña madina fronteriza.

Conclusión
La Alicante medieval fue, ante todo, una ciudad de frontera: frontera religiosa entre el islam y la cristiandad durante más de cinco siglos, y frontera política entre las coronas de Castilla y Aragón durante buena parte del siglo XIII. De la modesta Medina Laqant amurallada a los pies del Benacantil se pasó, a través de la conquista castellana de 1248, el fuero de Alfonso X, la incorporación aragonesa de 1296 y el crecimiento portuario bajomedieval, a una villa cristiana pujante que en 1490 obtuvo el título de ciudad. Ese largo proceso dejó una huella todavía visible hoy en el Castillo de Santa Bárbara, el barrio de Santa Cruz, los restos de la Ciudad Descubierta o el trazado de calles como la Mayor y la de Labradores, testigos de casi ochocientos años de historia medieval alicantina.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  1. Blogs de la Universidad de Alicante: Historia Medieval de Alicante y Lenguas y Repoblación Cristiana en Alicante (blogs.ua.es)
  2. -El Español – Alicante: 800 años de Alfonso X el Sabio y ¿Qué fue de la Madīnat al-Laqant...?
  3. -El Nacional.cat: Jaime II conquista Alacant a los castellanos
  4. -Alicantepedia: Conquista castellana de Alicante (1248) y Conquista aragonesa de Alicante (1296)
  5. -Wikipedia: Campo de Alicante, Alfonso X de Castilla
  6. -Alicante Plaza: Fueros, privilegios y franquezas de Alicante
  7. -Puerto de Alicante: sección de Historia
  8. -Patrimonio Cultural de Alicante: Ciudad Escondida de Alicante
  9. -Revista Alicante Cultura: Medina Laquant: entre moros y cristianos
  10. -Rincón del Vago y otras webs divulgativas de historia local


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