
Capitulo II
El origen de Lucentum como núcleo de población se remonta al siglo IV a. C., siendo
sus primeros pobladores de origen íbero contestano, que mantenían estrechos contactos
comerciales y culturales tanto con griegos como con fenicios. También se les conocen
contactos con la cultura tartésica del sur peninsular. Todos estos intercambios
culturales dieron lugar a una cultura con caracteres propios que historiadores romanos
como Plinio el Viejo o Estrabón llamaron «Contestania».
Se cree que es la misma ciudad que los griegos llamaban «Akra Leukḗ» (Ἂκρα Λευκῆ).
sus primeros pobladores de origen íbero contestano, que mantenían estrechos contactos
comerciales y culturales tanto con griegos como con fenicios. También se les conocen
contactos con la cultura tartésica del sur peninsular. Todos estos intercambios
culturales dieron lugar a una cultura con caracteres propios que historiadores romanos
como Plinio el Viejo o Estrabón llamaron «Contestania».
Se cree que es la misma ciudad que los griegos llamaban «Akra Leukḗ» (Ἂκρα Λευκῆ).
Textos extraidos del manuscrito de Historia General de la Ciudad y Castillo de Alicante de D. José Pastor de la Roca de 1854.
Textos extraidos del manuscrito de Historia General de la Ciudad y Castillo de Alicante de D. José Pastor de la Roca de 1854.
BIBLIOTECA © | REDACTOR: D. José Pastor de la Roca
Entramos por fin al fondo de ese limbo profunda y tenebroso de un pasado remoto, envuelto en las sombras de una fábula casi indescifrable, ante el cual no es fácil crear un destello brillante que, iluminando el caos del abismo, disipe con su claridad la atmósfera infinita de los tiempos, condensada acaso por el vuelo imprudente de una desenfrenada fantasía.
Nos referimos al origen de la primera población de la actual ciudad de Alicante. Tal confusión es común a todas las fundaciones de grande antigüedad, como la de que empezamos a ocuparnos; sin embargo, daremos una ligera reseña del parecer diverso de los autores, en la forma mas sucinta, en cuya vista el lector puede acomodarse al mejor sentido, prescindiendo de nuestro dictamen.
Recibido como inconcuso y palmario el testimonio histórico del P. Juan de Mariana y del cronista hebreo Flavio Josefo, sin contar otros nombres ilustres, aunque no de tanto mérito, parece indudable que, verificada la distribución del orbe, siglo y medio después del diluvio, entre los tres hijos de Noé, Sem, Cham y Jafet, por la intensa propagación de su familia, cupo a este, sobre la parte occidental del Asia y el dominio de Europa entera.
Multiplicada considerablemente la prole de Jafet con el trascurso del tiempo, se vio obligado á dividir su patrimonio en vida, y aun lo más probable parece que después de su muerte acordaron sus siete descendientes la subdivisión de la herencia, cupiendo la península ibérica á Tubal, su quinto hijo en el orden de sucesión.
Fuera tarea interminable conseguir todos los dictámenes que se ramifican de este punto central de la historia, solidecido apenas por algunas autoridades siempre de opuesto parecer y á veces contrariadas por su misma inconsecuencia.
Así vemos por ejemplo que el hablista Mariana, en su definición histórica sobre el primitivo origen de la península Ibérica, después de convenir en que Noé solo tuvo tres hijos y que estos se llamaron Sem , Cham y Jafet, al retraer el testo del Nuevo Beroso, que afirma traer su origen España, en su acepción de Iberia, de Ibero hijo de Noé; aunque supone debatirla con el flujo de su interminable verbosidad, lo hace de una manera enteramente vaga, dirigiendo al cuerpo de la cuestión, sin derrocar el error sustancial, que es el alma de ella. ¿Porqué no atacó de frente, siquiera por un principio de consecuencia, la falsedad gratuita de ese nombre Ibero, que es la tesis incontrovertible del argumento?.
He aquí uno de los varios tropiezos que encuentra el compilador a cada paso en la senda de ese campo remoto de la antigüedad, cuyo horizonte se pierde y condensa.
En la Crónica del Dean D. Vicente Bendicho hemos visto, al tratar este particular, levantarse ese torbellino oscuro e implacable de aserciones y negativas que tantas y tantas veces ha neutralizado las investigaciones, de nuestra vista, perdida en una niebla impenetrable de sombría confusión.
Consecuencia vaga de ello es, que admitida la venida de Tubal á poblar á España, fundó a Lucentun, (hoy Alicante] hacia el año 143 del diluvio, cuando dirigiéndose á las costas de Occidente, reconoció el seno Ilicitano y construyó su puerto, donde hallasen abrigo las groseras naves que importaban las familias colonizadoras y efectos del comercio, principal elemento de la venturosa civilización que tuvo su cuna en el seno feliz de aquellos tiempos vírgenes y patriarcales.
A esto mismo se inclina el referido cronista, aunque considerando la cuestión bajo su verdadero punto de vista, apenas asienta el pie sobre ese hilo tenue, precario y vacilante que pugna por buscar el centro de un equilibrio imposible.
Hay también quien, aduciendo gran copia de razones, niega la venida de Tubal á España, asegurando que fue Tarsis, hijo de Javan, nieto de Jafet y por consiguiente biznieto de Noé; y en su consecuencia atribuye la fundación de Alicante á Brigo, cuarto nieto de Noé y señor de España; en lo que hallamos conformes a varios autores.
A este monarca sucedieron en el trono Tago, que debió de dar nombre al rio Tajo; Beto, de donde derivan la voz Betica, y otra porción de mitos fabulosos que sería interminable relatar, de cuyos reinados nada hallamos memorable y que tenga relación con la colonia lucentina. Únicamente hacia el primer tercio del siglo VI del diluvio hallamos nuevas vicisitudes políticas en que se halló está comprometida.
Nos referimos al origen de la primera población de la actual ciudad de Alicante. Tal confusión es común a todas las fundaciones de grande antigüedad, como la de que empezamos a ocuparnos; sin embargo, daremos una ligera reseña del parecer diverso de los autores, en la forma mas sucinta, en cuya vista el lector puede acomodarse al mejor sentido, prescindiendo de nuestro dictamen.
Recibido como inconcuso y palmario el testimonio histórico del P. Juan de Mariana y del cronista hebreo Flavio Josefo, sin contar otros nombres ilustres, aunque no de tanto mérito, parece indudable que, verificada la distribución del orbe, siglo y medio después del diluvio, entre los tres hijos de Noé, Sem, Cham y Jafet, por la intensa propagación de su familia, cupo a este, sobre la parte occidental del Asia y el dominio de Europa entera.
Multiplicada considerablemente la prole de Jafet con el trascurso del tiempo, se vio obligado á dividir su patrimonio en vida, y aun lo más probable parece que después de su muerte acordaron sus siete descendientes la subdivisión de la herencia, cupiendo la península ibérica á Tubal, su quinto hijo en el orden de sucesión.
Fuera tarea interminable conseguir todos los dictámenes que se ramifican de este punto central de la historia, solidecido apenas por algunas autoridades siempre de opuesto parecer y á veces contrariadas por su misma inconsecuencia.
Así vemos por ejemplo que el hablista Mariana, en su definición histórica sobre el primitivo origen de la península Ibérica, después de convenir en que Noé solo tuvo tres hijos y que estos se llamaron Sem , Cham y Jafet, al retraer el testo del Nuevo Beroso, que afirma traer su origen España, en su acepción de Iberia, de Ibero hijo de Noé; aunque supone debatirla con el flujo de su interminable verbosidad, lo hace de una manera enteramente vaga, dirigiendo al cuerpo de la cuestión, sin derrocar el error sustancial, que es el alma de ella. ¿Porqué no atacó de frente, siquiera por un principio de consecuencia, la falsedad gratuita de ese nombre Ibero, que es la tesis incontrovertible del argumento?.
He aquí uno de los varios tropiezos que encuentra el compilador a cada paso en la senda de ese campo remoto de la antigüedad, cuyo horizonte se pierde y condensa.
En la Crónica del Dean D. Vicente Bendicho hemos visto, al tratar este particular, levantarse ese torbellino oscuro e implacable de aserciones y negativas que tantas y tantas veces ha neutralizado las investigaciones, de nuestra vista, perdida en una niebla impenetrable de sombría confusión.
Consecuencia vaga de ello es, que admitida la venida de Tubal á poblar á España, fundó a Lucentun, (hoy Alicante] hacia el año 143 del diluvio, cuando dirigiéndose á las costas de Occidente, reconoció el seno Ilicitano y construyó su puerto, donde hallasen abrigo las groseras naves que importaban las familias colonizadoras y efectos del comercio, principal elemento de la venturosa civilización que tuvo su cuna en el seno feliz de aquellos tiempos vírgenes y patriarcales.
A esto mismo se inclina el referido cronista, aunque considerando la cuestión bajo su verdadero punto de vista, apenas asienta el pie sobre ese hilo tenue, precario y vacilante que pugna por buscar el centro de un equilibrio imposible.
Hay también quien, aduciendo gran copia de razones, niega la venida de Tubal á España, asegurando que fue Tarsis, hijo de Javan, nieto de Jafet y por consiguiente biznieto de Noé; y en su consecuencia atribuye la fundación de Alicante á Brigo, cuarto nieto de Noé y señor de España; en lo que hallamos conformes a varios autores.
A este monarca sucedieron en el trono Tago, que debió de dar nombre al rio Tajo; Beto, de donde derivan la voz Betica, y otra porción de mitos fabulosos que sería interminable relatar, de cuyos reinados nada hallamos memorable y que tenga relación con la colonia lucentina. Únicamente hacia el primer tercio del siglo VI del diluvio hallamos nuevas vicisitudes políticas en que se halló está comprometida.
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BIBLIOGRAFÍA
- Está situada en la parte superior de una elevación, un tossal de 38 metros de altura junto al mar y a 3,5km.
- declarado Monumento Histórico-Artístico en 1961.
- Conserva íntegra toda la superficie urbana unos 30.000 m2.
- El origen del poblamiento humano podemos situarlo a finales del s. V o principios del s. IV a.e.c.
TEXTOS ORIGINALES BAJO Copyright © Oficial ®
FIRMADO: D. José Pastor de la Roca |
PORTADA: Realizada con ChatGPT |
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