
Indice
- CAPITULO XVI.
- Reflexiones. Arenga de Roncali.
- Parto oficial detallado al Gobierno.
- Mensaje y exposición servil del Clero.
- Ayuntamiento y Tribunal de Comercio.
- Contestación y frases hipócritas de Roncali.
BIBLIOTECA © | REDACTOR: D. José Pastor de la Roca
Tal fue la sangrienta solución del suceso. Ni otra cosa pudo esperarse del carácter del general Roncali, cuya ambición le conducía por cualquier camino, siquiera fuese el del asesinato cohonestado bajo el nombre de ley mis émulos han reprobado su bárbara conducta, y tal vez no le haya concedido indulgencia; sus enemigos le han compadecido, y el historiador, al poner en relieve sus actos, le ha juzgado, trasmitiendo a la posteridad el expediente donde cometan esos mismos actos sin alteración alguna, y la posteridad le juzgará, bien a su vez y lanzará sobre su cabeza un fallo inapelable.
Dios le demande tantos males cómo ha causado su mala estrella, exclamarán algunos, y nosotros, salvando los ocultos decretos de la predestinación y vuelto el corazón a un impulso de caridad, uniremos nuestras preces a los que procuraron declinar la cólera de la justicia, de ese hombre y de su cómplice, sin cuya alevosía no se hubiese consumado probablemente el crimen. Dios sabe que al revelar sus actos y comentarlos en cierto modo, ninguna pasión bastarda nos ha inducido. Enemigos generosos de esos hombres funestos, les conduciríamos de buen grado por la mano en cualquier tiempo que un desengaño oportuno les hiciese abrir los ojos à la luz de la razón y contrasen arrepentidos en la senda que la humanidad señala al hombre honrado; que en esto un deber de caridad así lo exige, y nos impone esa condición un principio de moral cristiana.
Que estas páginas de execración no alejen la conmiseración de esos hombres impenitentes, cuya proscripción es ya un providencial castigo, cuyos nombres son un borrón infamante para la sociedad que les repele de su seno y les ha relegado a ignorados países, donde eclipsado el astro prepotente de un día de precarias glorias, comen el amargo pan de un ostracismo cruel; y ante esa visible expiación, documento testifical del anatema del cielo, enmudezcan las pasiones que explotan el espíritu exasperado de esa sangre que hierve y fermenta en el terreno del orgullo humano. Y que no puede obtener reparación à tantos males, à tantos resentimientos y a tantos crímenes.
Faltaba una arenga para completar el suceso, y la formidable voz de Roncali leyó la siguiente ORDEN GENERAL DEL 8 DE MARZO DE 1844 EN EL CUARTEL GENERAL DE ALICANTE.
«SOLDADOS: Terrible es el acto que acabáis de presenciar. Permita el Todopoderoso sea el último en nuestra desgraciada patria. Que los ambiciosos se contengan y los ilusos se desengañen. ¡Ay del que no se convenza de que la hora de la revolución ha pasado! Vosotros la habéis cerrado en España con las llaves de esta plaza conquistada por vuestra lealtad. vuestra constancia y vuestra disciplina. Seguid siempre como hasta ahora, y salváis el Trono de vuestra Reina.»
Tan fatídicas frases cayeron como gotas de fría nieve que helaron los corazones; ni una exclamación cordial las acogió, como que eran el paño mortuorio destinado a cubrir aquellos cadáveres todavía palpitantes, que simbolizaban una revolución exterminada ya, y que arrastraba a la fosa a la libertad nacional de España.
Inmediatamente y por extraordinario se participó al gobierno el cumplimiento de la terrible jornada por medio de esta comunicación.
ESCMO. SEÑOR:
Tuve el honor de decir à V. E. en mi comunicación de antes de ayer que no obstante haberse podido evadir Boné con algunos de los suyos, sería muy probable conseguir su captura, por las medidas preventivas que tenis ya tomados y las que adopté en el momento de recibir el parte de los puestos. Varias partidas del regimiento caballería de Lusitania por distintos caminos y bajo la dirección del coronel Contreras y el buen espíritu de los pueblos, dieron por resultado lo que yo esperaba.
Fue alcanzado y conducido a esta plaza en el día de ayer con los que le seguían. Tomada que le fue su declaración, identificada esa persona, como también la de aquellos y los que tomaron una parte activa en la rebelión que comprende la relación adjunta, han sido degradados los militares y pasados todos por las armas por la espalda en la mañana de hoy al frente de todas las tropas, y leída a estos la orden general que acompaño. (1)
Inmediatamente han salido aquellas al mando del general Cotoner en dirección a Cartagena.
Yo lo verificaré mañana, por ser indispensable mi detención hoy en esta, por la multitud de atenciones que me rodean, y seguirán inmediatamente los parques de Artillería e Ingenieros. Dios guarde à V. E muchos años. Cuartel general.
(1) Alude al documento que precede, terminado el fusilamiento de Alicante 9 de marzo de 1844. - Federico de Roncali. - Excmo. Sr. Srio. de Estado y del despacho de la guerra.
FUSILADOS.
D. Pantaleon Boné.
Joaquin Cavero.
Antonio, Bejar.
Diego Gómez.
Gregorio Sabio.
Manuel Zamora.
Francisco Fernández.
José Miñana.
José Valiente.
Camilo Jiménez.
Antonio Caballero.
Bartolomé Ribot.
Pedro Fernández.
Camilo García.
Manuel Núñez.
Juan Calatayud.
José Luis Ortiz.
Isidro Fraile.
Ignacio Paulino.
Vicente Linares.
Isidro Pastor.
Rafael Moltó.
José Calpena.
Simón Carbonell.»
El pueblo alicantino gemía sobrecogido por un profundo pánico, los sucesos que con tanto sombrío se sucedían, aumentaban el desaliento, y fue necesaria toda la desesperación, o mejor dicho, toda la generosidad de ese mismo pueblo para arrostrar entre otros riesgos de igual índole, los que amenazaba el bando sangriento que se publicó en esta forma:
D. FEDERICO DE RONCALI, TENIENTE GENERAL DE LOS EJERCITOS NACIONALES Y CAPITAN GENERAL DEL 4. DISTRITO MILITAR, etc. etc. Ordeno y mando.
Existiendo ocultos en esta plaza individuos que pertenecieron à la Junta rebelde, otros que activamente y de varios modos contribuyeron a que tuviese efecto la rebelión que después han sostenido, así Oficiales como Sargentos del Ejército y M.N. se presentarán cuantos en este caso se hallen al Sr. Coronel D. Juan Ramos de Montes, que vive calle de Labradores, casa de D. Guillermo Gorman; y los que los oculten, encubran o de algún modo favorezcan, siendo por este hecho reos de lesa Majestad, serán pasados por las armas.
«El Sr. Gefe político de esta provincia y Ayuntamiento constitucional de esta ciudad, quedan encargados de hacer visitas domiciliarias.
Cuartel general de Alicante, 7 de marzo de 1844.- Federico de Roncali.»
Bien entrada la noche de aquel infausto día, se presenté en el alojamiento del general Roncali una comisión compuesta de individuos del Clero parroquial, Junta de Comercio y Ayuntamiento, con objeto de felicitar a aquel; que à tal extremo ciega y sorprende el egoísmo á cierto género de personas.
El presidente de esta última corporación, al tiempo de entregar al general cierta exposición de que no queremos ocuparnos, pronunció con entrecortadas frases el discurso siguiente:
Señor, el Rdo. Cabildo eclesiástico, el Tribunal y Junta de Comercio y el Ayuntamiento que presido, tienen la alta honra de elevar á V. E. esta sumisa exposición, al paso que reconocides al propio tiempo, le tributa las más rendidas gracias por haber librado á esta ciudad de los estragos de la guerra.
Roncali siempre ceñudo y que pretendía dar mayor importancia a su continente.
contestó en pocas palabras, frio, lacónico y altivo: su sentido fue aconsejar a las tres clases de que se componía la comisión, que cada una por su parte contribuyese à reprimir las pasiones y contener los ánimos, concluyendo con estas palabras pronunciadas con farisaica hipocresía:
.....Señores, mi corazón se halla en estos momentos cubierto de amargura. Yo no soy cruel; pero la Ley exigía la sangre de 24 víctimas, sangre española, señores, etc...
De este modo el tigre sorprendía la credulidad de sus oyentes, que no traducían aquella alma petrificada de fiereza y que apelaba al ardid para conquistar un terreno perdido para siempre y que fluctúa todavía en un lago sangriento y homicida. La comisión pueda luego retirarse tranquila en su conciencia de que aquel hombre inhumano había obrado en virtud de una imperiosa necesidad. Bien es cierto que en las mismas leyes protectoras hay un fondo de humanidad, sin faltar el magistrado a sus deberes; cuando es su órgano la clemencia, y esta virtud no es patrimonio de algunos hombres. Tampoco debía serlo de Roncali.
Dios le demande tantos males cómo ha causado su mala estrella, exclamarán algunos, y nosotros, salvando los ocultos decretos de la predestinación y vuelto el corazón a un impulso de caridad, uniremos nuestras preces a los que procuraron declinar la cólera de la justicia, de ese hombre y de su cómplice, sin cuya alevosía no se hubiese consumado probablemente el crimen. Dios sabe que al revelar sus actos y comentarlos en cierto modo, ninguna pasión bastarda nos ha inducido. Enemigos generosos de esos hombres funestos, les conduciríamos de buen grado por la mano en cualquier tiempo que un desengaño oportuno les hiciese abrir los ojos à la luz de la razón y contrasen arrepentidos en la senda que la humanidad señala al hombre honrado; que en esto un deber de caridad así lo exige, y nos impone esa condición un principio de moral cristiana.
Que estas páginas de execración no alejen la conmiseración de esos hombres impenitentes, cuya proscripción es ya un providencial castigo, cuyos nombres son un borrón infamante para la sociedad que les repele de su seno y les ha relegado a ignorados países, donde eclipsado el astro prepotente de un día de precarias glorias, comen el amargo pan de un ostracismo cruel; y ante esa visible expiación, documento testifical del anatema del cielo, enmudezcan las pasiones que explotan el espíritu exasperado de esa sangre que hierve y fermenta en el terreno del orgullo humano. Y que no puede obtener reparación à tantos males, à tantos resentimientos y a tantos crímenes.
Faltaba una arenga para completar el suceso, y la formidable voz de Roncali leyó la siguiente ORDEN GENERAL DEL 8 DE MARZO DE 1844 EN EL CUARTEL GENERAL DE ALICANTE.
«SOLDADOS: Terrible es el acto que acabáis de presenciar. Permita el Todopoderoso sea el último en nuestra desgraciada patria. Que los ambiciosos se contengan y los ilusos se desengañen. ¡Ay del que no se convenza de que la hora de la revolución ha pasado! Vosotros la habéis cerrado en España con las llaves de esta plaza conquistada por vuestra lealtad. vuestra constancia y vuestra disciplina. Seguid siempre como hasta ahora, y salváis el Trono de vuestra Reina.»
Tan fatídicas frases cayeron como gotas de fría nieve que helaron los corazones; ni una exclamación cordial las acogió, como que eran el paño mortuorio destinado a cubrir aquellos cadáveres todavía palpitantes, que simbolizaban una revolución exterminada ya, y que arrastraba a la fosa a la libertad nacional de España.
Inmediatamente y por extraordinario se participó al gobierno el cumplimiento de la terrible jornada por medio de esta comunicación.
ESCMO. SEÑOR:
Tuve el honor de decir à V. E. en mi comunicación de antes de ayer que no obstante haberse podido evadir Boné con algunos de los suyos, sería muy probable conseguir su captura, por las medidas preventivas que tenis ya tomados y las que adopté en el momento de recibir el parte de los puestos. Varias partidas del regimiento caballería de Lusitania por distintos caminos y bajo la dirección del coronel Contreras y el buen espíritu de los pueblos, dieron por resultado lo que yo esperaba.
Fue alcanzado y conducido a esta plaza en el día de ayer con los que le seguían. Tomada que le fue su declaración, identificada esa persona, como también la de aquellos y los que tomaron una parte activa en la rebelión que comprende la relación adjunta, han sido degradados los militares y pasados todos por las armas por la espalda en la mañana de hoy al frente de todas las tropas, y leída a estos la orden general que acompaño. (1)
Inmediatamente han salido aquellas al mando del general Cotoner en dirección a Cartagena.
Yo lo verificaré mañana, por ser indispensable mi detención hoy en esta, por la multitud de atenciones que me rodean, y seguirán inmediatamente los parques de Artillería e Ingenieros. Dios guarde à V. E muchos años. Cuartel general.
(1) Alude al documento que precede, terminado el fusilamiento de Alicante 9 de marzo de 1844. - Federico de Roncali. - Excmo. Sr. Srio. de Estado y del despacho de la guerra.
FUSILADOS.
D. Pantaleon Boné.
Joaquin Cavero.
Antonio, Bejar.
Diego Gómez.
Gregorio Sabio.
Manuel Zamora.
Francisco Fernández.
José Miñana.
José Valiente.
Camilo Jiménez.
Antonio Caballero.
Bartolomé Ribot.
Pedro Fernández.
Camilo García.
Manuel Núñez.
Juan Calatayud.
José Luis Ortiz.
Isidro Fraile.
Ignacio Paulino.
Vicente Linares.
Isidro Pastor.
Rafael Moltó.
José Calpena.
Simón Carbonell.»
El pueblo alicantino gemía sobrecogido por un profundo pánico, los sucesos que con tanto sombrío se sucedían, aumentaban el desaliento, y fue necesaria toda la desesperación, o mejor dicho, toda la generosidad de ese mismo pueblo para arrostrar entre otros riesgos de igual índole, los que amenazaba el bando sangriento que se publicó en esta forma:
D. FEDERICO DE RONCALI, TENIENTE GENERAL DE LOS EJERCITOS NACIONALES Y CAPITAN GENERAL DEL 4. DISTRITO MILITAR, etc. etc. Ordeno y mando.
Existiendo ocultos en esta plaza individuos que pertenecieron à la Junta rebelde, otros que activamente y de varios modos contribuyeron a que tuviese efecto la rebelión que después han sostenido, así Oficiales como Sargentos del Ejército y M.N. se presentarán cuantos en este caso se hallen al Sr. Coronel D. Juan Ramos de Montes, que vive calle de Labradores, casa de D. Guillermo Gorman; y los que los oculten, encubran o de algún modo favorezcan, siendo por este hecho reos de lesa Majestad, serán pasados por las armas.
«El Sr. Gefe político de esta provincia y Ayuntamiento constitucional de esta ciudad, quedan encargados de hacer visitas domiciliarias.
Cuartel general de Alicante, 7 de marzo de 1844.- Federico de Roncali.»
Bien entrada la noche de aquel infausto día, se presenté en el alojamiento del general Roncali una comisión compuesta de individuos del Clero parroquial, Junta de Comercio y Ayuntamiento, con objeto de felicitar a aquel; que à tal extremo ciega y sorprende el egoísmo á cierto género de personas.
El presidente de esta última corporación, al tiempo de entregar al general cierta exposición de que no queremos ocuparnos, pronunció con entrecortadas frases el discurso siguiente:
Señor, el Rdo. Cabildo eclesiástico, el Tribunal y Junta de Comercio y el Ayuntamiento que presido, tienen la alta honra de elevar á V. E. esta sumisa exposición, al paso que reconocides al propio tiempo, le tributa las más rendidas gracias por haber librado á esta ciudad de los estragos de la guerra.
Roncali siempre ceñudo y que pretendía dar mayor importancia a su continente.
contestó en pocas palabras, frio, lacónico y altivo: su sentido fue aconsejar a las tres clases de que se componía la comisión, que cada una por su parte contribuyese à reprimir las pasiones y contener los ánimos, concluyendo con estas palabras pronunciadas con farisaica hipocresía:
.....Señores, mi corazón se halla en estos momentos cubierto de amargura. Yo no soy cruel; pero la Ley exigía la sangre de 24 víctimas, sangre española, señores, etc...
De este modo el tigre sorprendía la credulidad de sus oyentes, que no traducían aquella alma petrificada de fiereza y que apelaba al ardid para conquistar un terreno perdido para siempre y que fluctúa todavía en un lago sangriento y homicida. La comisión pueda luego retirarse tranquila en su conciencia de que aquel hombre inhumano había obrado en virtud de una imperiosa necesidad. Bien es cierto que en las mismas leyes protectoras hay un fondo de humanidad, sin faltar el magistrado a sus deberes; cuando es su órgano la clemencia, y esta virtud no es patrimonio de algunos hombres. Tampoco debía serlo de Roncali.

LA PUBLICACIÓN ORIGINAL COMPLETA EN EL TOMO DEL AUTOR
BIBLIOGRAFÍA
- Reflexiones.
- Arenga de Roncali. Parto oficial detallado al Gobierno.
- Medidas coercitivas.
- Mensaje y exposición servil del Clero
- Ayuntamiento y Tribuna! de Comercio.
- Contestación y frases hipócritas de Roncali.
TEXTOS ORIGINALES BAJO Copyright © Oficial ®
Firmado: D. José Pastor de la Roca
¡¡ATENCIÓN!!
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