Breaking

Copyright © | Inspiration And Creativity In Social Networks | Alicante Histórica |

lunes, 24 de agosto de 2026

La primera Desaladora de Alicante 1879

  Durante buena parte del siglo XIX, Alicante arrastró un problema crónico; la falta de agua potable de calidad. La ciudad dependía de acueductos deteriorados y de manantiales insuficientes, y las autoridades locales ensayaron sin éxito multitud de soluciones —desde traer agua de Almansa y Villena hasta ceder derechos a distintas sociedades— sin lograr resolver el desabastecimiento.

En 1875 el arquitecto José Guardiola Pico redactó un informe sobre las aguas de Casa Blanca, Valladolid y Nuestra Señora de los Remedios, en el que dejaba constancia del mal estado de los acueductos y de lo exiguo del caudal disponible. Dos años después, un informe de la Comisión de Aguas del Ayuntamiento describía la situación como dramática: la ciudad se abastecía prácticamente en exclusiva de dos norias recién abiertas, con un caudal que apenas llegaba a los 104 metros cúbicos diarios, extraído mediante dos aparatos movidos por caballerías. El propio informe reclamaba medidas radicales ante lo que calificaba de estado "tristísimo y deplorable".

Ante la incapacidad municipal para resolver el problema por medios convencionales, se sucedieron intentos fallidos; pozos particulares desestimados, la continuidad del pozo artesiano de Alfonso Richart en Los Ángeles, el proyecto de Salvador Pérez Llácer para traer aguas desde Torremanzanas, o la posible cesión de derechos de la Sociedad del Canal de Alicante. En ese contexto de urgencia surgió una alternativa insólita para la época; convertir directamente el agua del mar en agua potable mediante destilación industrial.

El origen de esta tecnología se remonta a un químico francés afincado en Inglaterra, Alphonse René le Mire de Normandy, autor de varios libros sobre química y titular de patentes relacionadas con la mejora de diversos alimentos. En 1851 patentó un aparato para desalinizar agua marina, invento que en 1856 dio lugar a la creación de la compañía "Normandy & Co."

Ya en la prensa española de abril de 1852 se hacía eco de este invento, describiendo un aparato compuesto por discos superpuestos comunicados entre sí mediante canales concéntricos sometidos a un baño de vapor a presión ligeramente superior a la atmosférica. El agua de mar circulaba por esos canales calentados, se mezclaba con aire y se condensaba finalmente en agua dulce, aireada, que pasaba después por un refrigerador. Se presentaba como un método más sencillo y económico que cualquier otro sistema de desalinización conocido hasta entonces.

Normandy registró posteriormente su firma bajo el nombre "Normandy's Patent Marine Aerated Fresh Water Company", con la que llegó a suministrar agua a barcos y a guarniciones aisladas en distintos puntos del mundo, incluido Estados Unidos. Ese prestigio le valió un premio en la Exposición Internacional de 1862.

Alphonse René falleció en 1864, a los 55 años. Además de su actividad empresarial, fue miembro de varias sociedades científicas, publicó libros de química y análisis sobre la adulteración de alimentos, y actuó como perito ante la Cámara de los Comunes británica, donde llegó a proponer —sin éxito— la depuración del agua del Támesis mediante carbón activado.

Tras su muerte, la empresa pasó a manos de sus tres hijos, con la dirección inicial en el mayor, Alphonse Louis, y más adelante en el menor, Frank, bajo cuyo mando la compañía alcanzó gran prestigio. A finales del XIX, entre los principales fabricantes ingleses de máquinas depuradoras —John Kirkaldy, A. M. Perkins, Aereated Fresh Water Co., J. J. Royle, Smilie & Robertson— la firma de Frank Normandy era la más destacada. En 1909 publicó una obra de referencia sobre la materia, un manual práctico para la destilación de agua de mar.

El 2 de agosto de 1879, Julio Pillet y Blanch, representante comercial del ferrocarril, publicó una carta en el diario El Graduador anunciando un acuerdo con la empresa londinense Normandy y Compañía para el envío de una de sus máquinas destiladoras. El objetivo era realizar un ensayo práctico que demostrara que el agua de mar podía convertirse en agua tan clara y agradable como la de los mejores manantiales.

La carta incluía además el resultado de un análisis realizado en Londres por los doctores Enrique M. Noad y Enrique Seheby, químicos y médicos, que certificaban que el agua obtenida estaba completamente libre de materia orgánica y era, en su opinión, incluso superior a la de los manantiales naturales más puros.

El 24 de julio se encargó una máquina depuradora para hacer una demostración pública, prevista inicialmente para el 11 de septiembre. El 28 de agosto llegó a Alicante Alphonse Louis Normandy, propietario de la fábrica, para asistir a la prueba; poco después llegó también la máquina, transportada a bordo del vapor Pinzón.

El aparato se instaló en los terrenos del brigadier Dionisio Mancha y Uriel, en la zona de La Cantera. Meses antes, Mancha había firmado un convenio con el Ayuntamiento para dotar a la ciudad de aguas pluviales, almacenadas en tres depósitos que después se reutilizarían para las aguas desaladas. El proyecto quedó en manos de tres personas —Pillet, Manuel Ruiz Carratalá y el propio Mancha—, aunque no llegaron a constituirse formalmente como sociedad.

El 11 de septiembre de 1879, Manuel Ruiz Carratalá presentó al Ayuntamiento un proyecto detallado: con una inversión de 700.000 reales podrían instalarse dos máquinas capaces de producir 3.000 cántaros diarios cada una, hasta un total de 6.000 cántaros de agua destilada al día. A cambio de una subvención municipal anual, Carratalá se comprometía a abastecer a la población, instalar en tres meses tres fuentes públicas —una de ellas en el puerto— y mantener siempre disponibles 40.000 cántaros de reserva en los aljibes de La Cantera.

La Comisión de Aguas del Ayuntamiento estudió la propuesta y concluyó que la producción prevista, repartida entre la población fija y la flotante del puerto, apenas alcanzaría uno o dos litros por habitante, cantidad que consideraba insuficiente incluso para cubrir la necesidad básica de bebida. También señaló que el precio del agua —29 céntimos el cántaro en fuente pública y 41 a domicilio— quedaba fuera del alcance de buena parte de la población. Pese a estas reservas, la Comisión entendió que, mientras no existiera una solución definitiva de abastecimiento, el Ayuntamiento debía al menos retirar los obstáculos administrativos para permitir la instalación de máquinas, tuberías y fuentes. Con ese argumento, el Consistorio acabó concediendo la subvención solicitada por Carratalá.

El ensayo de la máquina se celebró con un banquete al que asistieron el brigadier Dionisio Mancha, Julio Pillet y Ruiz Carratalá, entre otros notables de la ciudad, incluido el gobernador provincial, el alcalde —el señor Bueno— y Eleuterio Maisonnave, todo ello amenizado por la banda de música de la Beneficencia. Ruiz Carratalá leyó el análisis del agua realizado por el doctor José Soler y Sánchez, quien pronunció un discurso elogiando el invento.

El dictamen del doctor Soler confirmaba los análisis ingleses previos; el agua presentaba un grado hidrotimétrico de , contenía 0,085 gramos de sustancias minerales por litro, estaba libre de materia orgánica, incorporaba 17,78 centímetros cúbicos de aire por litro y era clara, diáfana e incolora. Por esas características la calificó como eminentemente potable.

La prensa local acogió el invento con gran entusiasmo. La Unión Democrática destacaba, el 14 de septiembre de 1879, que las máquinas Normandy ya se usaban en Londres, Brighton, Croydon, Malta, Adén, el Pacífico, Sudáfrica, Holanda, el Báltico, Cabo Verde y en los faros y hospitales del canal de Suez, y se preguntaba por qué Alicante no habría de aprovechar semejante invento.

Además del uso en tierra, las destiladoras Normandy se instalaban también a bordo de buques, como el cañonero torpedero Nueva España, construido en el Arsenal de la Carraca y destinado a prestar servicio en Cuba. En junio de 1880, el vapor de guerra Isabel la Católica, fondeado en el puerto de Alicante, completó sus aljibes con cinco mil cántaros de agua procedentes de la máquina recién instalada en La Cantera.

Un nuevo informe municipal, presentado el 26 de septiembre por los médicos Remigio Sebastiá, Vicente Navarro y Evaristo Manero, declaró el agua potable, aunque recomendaba confirmar su idoneidad con el uso continuado. Meses más tarde, otro grupo de facultativos —Manuel Ausó y Arenas, Juan Bautista Chápuli, Matías Domenech y Vicente Seguí— ratificó que el agua era agradable al paladar, no producía pesadez de estómago, favorecía la digestión y cocía bien los alimentos, concluyendo que reunía todas las condiciones saludables propias del agua potable.

La patente de la máquina instalada en Alicante pertenecía a un ciudadano londinense, Heriberto Carey Howes Mc Crea, a quien el rey Alfonso XII había concedido su explotación por un plazo de cinco años. A finales de septiembre de 1879, Carey traspasó la licencia a Ruiz Carratalá para instalar y explotar en un radio de algo más de once kilómetros alrededor de la Casa Consistorial las máquinas fabricadas por A. Normandy Stilwell y Cía., a cambio de 16.000 pesetas por una máquina capaz de producir 6.000 galones diarios de agua potable.

A finales de enero de 1880 la máquina quedó instalada con resultado satisfactorio. A finales de marzo llegó a bordo del vapor Luis de Cuadra la tubería de hierro —sistema Petit— destinada a conducir el agua desde La Cantera hasta las fuentes urbanas, y el 1 de abril se solicitó autorización para abrir la zanja correspondiente, a la espera de que llegaran desde Inglaterra las tres fuentes proyectadas.

Las tuberías debían discurrir por la calle de la Aduana, la plaza de Alfonso XII, la calle de la Princesa y la plaza de la Constitución, con fuentes previstas en la plaza de Alfonso XII y en la esquina sureste de la plaza de la Constitución. Las obras avanzaron con rapidez desde principios de marzo.

El 1 de mayo, Ruiz Carratalá abrió la suscripción de abonos para el servicio de agua a domicilio, a razón de 10 céntimos de peseta por cántaro de diez litros, con cobro semanal, y con una producción inicialmente limitada a unos 3.000 cántaros diarios que se repartirían por riguroso orden de suscripción, gestionada desde la calle Gravina.

A principios de junio se completó la instalación de las fuentes de la plaza de la Constitución y la plaza del Mar (Alfonso XII), mientras se seguía suministrando agua desde el antiguo aljibe de esta última. Ese mismo mes, Dionisio Mancha arrendó a Ruiz Carratalá los aljibes del edificio conocido como "La Británica", junto con los terrenos necesarios para instalar las máquinas desaladoras, un almacén de carbón para alimentarlas y una vivienda anexa. El 21 de junio se inauguró oficialmente el servicio a domicilio, con una acogida tan buena que hubo que duplicar el número de carruajes destinados al reparto. A finales de octubre se abrieron también las fuentes públicas de agua de Normandy.

Pese al éxito inicial, el suministro de agua desalada en Alicante tuvo una vida tan breve como su meteórica puesta en marcha; la ciudad dejó de tomar agua del mar casi con la misma rapidez con que había empezado a hacerlo. Entre las causas apuntadas estaba el elevado precio del agua, especialmente inasumible para las clases populares, así como la competencia de otros proyectos de abastecimiento que se desarrollaban en paralelo.

El médico Evaristo Manero llegó a señalar que, aunque los efectos del agua desalada eran en general buenos y parecían vigorizar el organismo, en personas de temperamento sanguíneo producía un cierto estado de excitación que obligaba a interrumpir su consumo.

Por esas mismas fechas se desarrollaban otras iniciativas de abastecimiento; Antonio Mas y Gil excavó la Mina Santa Rosa, cuyas aguas afloraban en lo que hoy es la plaza América, en la llamada Fuente del Remedio, aunque el doctor Soler las calificó como no potables. José Carlos de Aguilera adquirió las fuentes de La Alcoraya y construyó un depósito en el Huerto de Valladolid, donado por la familia Lafora; en 1883 cedió sus derechos a una compañía, The Alicante Water Works. Y Juan Alted y Navarro, junto con Mariano Esteve, llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento para instalar un depósito frente a la plaza de toros, con aguas que, sin ser óptimas, el doctor Soler consideró inocuas para la salud.

Ninguno de estos tres proyectos garantizaba por sí solo el abastecimiento completo de la ciudad, y sus aguas eran de calidad dudosa o directamente no potable, pero entre los tres terminaron desplazando y relegando al olvido el invento de Normandy. Solo en 1885, a raíz de un brote de cólera en la ciudad, la prensa local volvió a plantear brevemente la posibilidad de recuperar la máquina desaladora. El asunto no tuvo continuidad y ahí terminó la historia del agua de Normandy en Alicante.

El episodio del agua de Normandy en Alicante retrata bien las tensiones de una ciudad decimonónica que buscaba soluciones técnicas de vanguardia —en este caso, la desalinización industrial del agua marina, ya empleada en buques y puestos aislados de todo el imperio británico— para un problema estructural de abastecimiento que ninguna administración local lograba resolver por completo. La rápida instalación del servicio en 1879-1880, respaldada por análisis médicos favorables y por el entusiasmo de la prensa y las autoridades locales, contrasta con su fugaz desaparición apenas unos años después, eclipsada por otros proyectos de traída de aguas y por un precio que la hacía inviable para buena parte de la población.

Claude y Gemini son una IA y puede cometer errores, incluso sobre personas. | Copyright ©️

BIBLIOGRAFÍA

  1. FUENTES CONSULTADAS POR CLAUDE AI.
  2. -Rutas y Vericuetos (blog de patrimonio hidráulico de la provincia de Alicante).
  3. -prensa histórica de la época (El Graduador, La Unión Democrática, El Constitucional, La Provincia).
  4. -Royal Society of Chemistry (nº 66).
  5. -Grace's Guide to British Industrial History.
  6. -revista The Engineer.
  7. -The London Gazette.
Publicaciónes Originales recogidas por CLAUDE AI
Artículo y portada extraído y redactado por la inteligencia artificial de Claude AI.


No hay comentarios:

Alicante Fotográfico D´antaño

Condiciones sobre el copyright de imágenes IA
  1. Falta de autoría humana: Las obras creadas 100% por IA no son registrables. La ley protege la expresión de una persona física, no de una máquina.
  2. Aportación humana significativa: Si demuestras que el resultado final es fruto de tu creatividad, selección y edición (no solo un prompt), podría haber protección.
  3. Uso comercial: Puedes usar imágenes de IA, pero generalmente no puedes reclamar su propiedad exclusiva.
  4. Condiciones de la herramienta: Los términos de servicio de la IA (como Midjourney o DALL-E) determinan quién puede usar la imagen, pero eso es diferente del copyright legal.
  5. Obras derivadas: Si modificas sustancialmente una imagen de IA, esa nueva obra sí puede ser protegida.
  6. En resumen, las imágenes puras de IA están en el dominio público o carecen de protección firme, mientras que las obras intervenidas por humanos sí podrían tener copyright.
© 2023 G&C.Publicaciones | Todos los derechos reservados.
En general, las imágenes generadas exclusivamente por inteligencia artificial (IA) no tienen derechos de autor (copyright), ya que la mayoría de las legislaciones exigen autoría humana. Sin embargo, si hay una intervención humana significativa en la creación, edición o composición, podrían protegerse bajo ciertas condiciones.