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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Utopía industrial que acabó en ruinas

       Entre los términos municipales de Sax y Villena, en la provincia de Alicante, se extiende un paraje que durante décadas fue conocido como Prados de Santa Eulalia, nombre heredado de una leyenda medieval según la cual la santa auxilió a las tropas de Berenguer de Entenza en su lucha contra los sarracenos. En su honor se levantó una ermita que, siglos más tarde, se convertiría en el corazón simbólico de uno de los experimentos sociales más singulares de la España del siglo XIX.

La colonia comenzó a construirse a finales de esa centuria, al amparo de la Ley de Colonias Agrícolas de 1868. Sus promotores fueron Antonio de Saavedra y Rodríguez de la Guerra, conde de Alcudia y Gestalgar, y su primo Mariano Bertodano y Roncalli, vizconde de Alcira, quienes heredaron una finca de 138 hectáreas dedicada al cultivo de vides, olivos y almendros. El conde, profundamente influido por las corrientes del socialismo utópico —de raíz owenista, similar a las ideas que Robert Owen había puesto en práctica en Gran Bretaña con sus cooperativas obreras—, decidió transformar aquella propiedad agrícola en una colonia industrial siguiendo el modelo de otras experiencias similares que ya existían en Cataluña.

El propósito no era únicamente económico. Se trataba de construir, casi desde la nada, una sociedad organizada en torno a la comunidad de bienes, el trabajo obligatorio para todos sus habitantes y una distribución igualitaria de la producción. Era, en palabras de quienes han estudiado su historia, un intento de dar forma real a la vieja quimera del lugar ideal que Tomás Moro había imaginado siglos atrás.
El proyecto se desarrolló con una ambición poco habitual para la época. La colonia llegó a contar con fábricas de alcohol y de harinas, viviendas obreras, un palacio para la familia condal, un teatro, un casino, un economato, una hospedería, estación de ferrocarril, la antigua ermita e incluso un lago recreativo. Todo pensado para que los trabajadores pudieran vivir junto a su lugar de empleo, disfrutando de servicios y comodidades que resultaban excepcionales en el mundo rural de finales del siglo XIX.

El núcleo urbano se organizó en dos plazas. Al sur, en el término de Sax, se sitúa la plaza principal, presidida por la ermita de Santa Eulalia y rodeada por los edificios de la antigua fábrica de alcohol, el centro administrativo, el palacio de los condes, el economato y el casino. Hacia el oeste se levantó el teatro Cervantes, y más al norte, ya en término de Villena, una segunda plaza de menor tamaño cerrada por la fábrica de harinas, almacenes y viviendas. Las construcciones responden en su mayoría a la arquitectura industrial decimonónica, con algunos elementos modernistas visibles en el palacio condal.
La etapa de mayor esplendor de la colonia se prolongó hasta mediados de la década de 1920, y su actividad económica se mantuvo, con altibajos, hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo, factores como el desarrollo industrial de comarcas cercanas —especialmente Alcoy y Elda—, que atrajo a buena parte de la población activa a partir de los años sesenta, y sobre todo el impacto de la Guerra Civil española, marcaron el principio del fin. Las fábricas fueron cesando su actividad y la colonia entró en una decadencia lenta pero imparable que terminó por despoblarla casi por completo.

Hoy, la Colonia de Santa Eulalia es Bien de Interés Cultural, con la categoría de espacio etnológico, desde 2016. A pesar de este reconocimiento, el conjunto figura en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, el catálogo que reúne los bienes históricos españoles en mayor riesgo de desaparición. La cubierta de la antigua fábrica de alcohol se derrumbó hace ya varios años, la de la fábrica de harinas presenta daños graves, y edificios como el teatro Cervantes, el palacio de los condes o el edificio de administración se encuentran en un avanzado estado de ruina. Tampoco la antigua tienda ni la hospedería han corrido mejor suerte.
El origen de este deterioro no es solo el paso del tiempo. Los herederos de la propiedad llevan años enfrentados en litigios que han impedido acometer obras de conservación, mientras que los ayuntamientos de Sax y Villena han alegado en distintas ocasiones que la responsabilidad del mantenimiento recae en los propietarios privados. Diversas plataformas vecinales, entre ellas la Plataforma Cultural por la Salvaguarda del Teatro Cervantes, llevan décadas reclamando sin éxito la intervención de las administraciones públicas.

En 2021, la rehabilitación de la colonia llegó a incluirse entre los presupuestos participativos de la Generalitat Valenciana, tras resultar la propuesta más votada en las comarcas del sur de la provincia. No obstante, en febrero de 2023 el Consell rechazó desarrollar el estudio de viabilidad para su reconstrucción, citando entre otras razones la dificultad de contactar con los legítimos herederos de los inmuebles. Fuentes de la propia administración autonómica llegaron a cifrar en más de sesenta millones de euros el coste de adquisición y rehabilitación completa del conjunto, una cantidad que hasta ahora ha frenado cualquier proyecto de envergadura.

Pasear hoy por las calles de la Colonia de Santa Eulalia es, según quienes la visitan, un ejercicio que traslada a otro tiempo. Sus edificios agrietados, sus fachadas descascarilladas y sus interiores vacíos siguen conservando, pese al expolio y al abandono, el trazado de lo que fue una comunidad pensada para ser autosuficiente y modélica. Los antiguos letreros de cerámica vitrificada que aún señalan el uso original de cada edificio son, quizá, el testimonio más elocuente de una ambición que, un siglo después, sigue esperando una segunda oportunidad. La Colonia de Santa Eulalia representa así un caso paradigmático de las colonias agrícolas e industriales que proliferaron en España a finales del siglo XIX experimentos surgidos al calor de las leyes de colonización y de las ideas regeneracionistas de la época, que buscaron transformar terrenos improductivos en comunidades prósperas. Su historia, marcada por el auge y la caída, sigue siendo hoy objeto de estudio, de reivindicación vecinal y, para muchos, de fascinación por lo que pudo ser y finalmente no fue.

BIBLIOGRAFÍA

  1. FUENTES CONTRASTADAS POR CLAUDE AI.
  2. -Wikipedia (La Colonia de Santa Eulalia).
  3. -Hispania Nostra.
  4. -Lista Roja del Patrimonio.
  5. -Revista de Historia.
  6. -Camino del Cid.
  7. -Alicante Plaza.
FUENTES: (Wikipedia, Hispania Nostra, COACV, Revista de Historia, Alicante Plaza, entre otras). Cubre el origen ligado al socialismo utópico y a la ley de colonias de 1868, el conjunto de edificios que llegó a tener, su apogeo hasta los años veinte, la decadencia tras la Guerra Civil y el estado actual de ruina, incluida la declaración como BIC en 2016 y los intentos fallidos de rehabilitación.
Artículo y portada extraído y redactado por la inteligencia artificial de Claude AI.


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