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sábado, 1 de agosto de 2026

La farmacia de Agatángelo

"La piqueta demoledora acabó en los últimos días de la primavera alicantina de 1995 con la vieja botica de Agatángelo Soler, que fue, además, un lugar de charla que reunía antaño en su rebotica a sesudos e ilustres alicantinos de la época, que hablaban de todos los temas de actualidad. El último heredero, Agatángelo Soler Llorca, alcalde de Alicante de 1954 a 1963, y uno de los más populares, escribió varios libros y profusión de artículos mecostumbristas nacidos en la trastienda del local."

L    a farmacia de Agatángelo Soler fue una verdadera institución en Alicante, de fama jamás igualada por establecimiento alguno. No sólo fue establecimiento de venta de medicamentos, sino que en su rebotica se celebraban reuniones o se daban cita infinidad de personas que encontraban allí un lugar de reunión, en tiempos pretéritos en que no existían radio ni televisión y las tertulias se formaban en cafés o casinos.
Estas tertulias y los hechos más pintorescos ocurridos en torno a la farmacia o su zona de influencia, la Placeta San Cristóbal, las calles de Labradores, Santo Tomás, Santo Cristo, Santos Médicos, etc., inspiraron a Agatángelo Soler Llorca varios libros. "Histories de la Placeta Sant Cristófol", o "Un entierro a la federica" son los más conocidos, así como un sinfín de artículos en prensa. La fachada de la farmacia lucía una inscripción sobre un mosaico de mármol con una fecha: 1836, que nos sitúa en la fundación de la farmacia, si bien el edificio fue construido algo antes, y adquirido por el bisabuelo del que fuera alcalde de Alicante. José Soler González, así se llamaba el fundador de una dinastía de boticarios que allá en 1836 montó su farmacia en la casa número 12 de la Placeta de Sant Cristófol. El edificio, cuyo origen parece que se centra en 1820, constaba de planta baja y tres pisos, además de la azotea al uso en aquella época.

De José Soler González, la farmacia pasó a propiedad de su hijo José Soler Sánchez, que era doctor en Química y farmacéutico, catedrático de la Universidad de Madrid. Por eso, la calle rotulada con su nombre en el barrio de Benalúa, amplia y espaciosa, en algún tiempo conocida por la Gran Vía, se la denominó con los sucesivos nombres de Catedrático Soler y Doctor Soler. El motivo de poseer una calle a su nombre en esa zona fue por la doble condición de ser persona muy conocida en Alicante y uno de los componentes de la sociedad Los Diez Amigos, fundadora del barrio de Benalúa a finales del siglo XIX.
El siguiente titular de la farmacia de la Plaza de San Cristóbal fue el hijo del catedrático, primero que utilizó el nombre de Agatángelo y quien daría mayor fama y lustre a la botica. Agatángelo Soler López estuvo al frente del tradicional establecimiento hasta su fallecimiento, en que fue heredada por su hijo Agatángelo Soler Llorca, quien la perpetuó en sus numerosos escritos costumbristas publicados, como queda dicho, en diarios, entre ellos "La Verdad", y en diversos libros.

Cuando, mediados los años sesenta, este Agatángelo Soler Llorca, hombre de mucho ingenio y ocurrente, adquirió la farmacia en la calle Mayor, el viejo local de San Cristóbal fue atendido por su hermano Javier Soler Llorca, también licenciado en Farmacia, mucho más conocido por Xavier Soler, enorme artista del pincel, pintor largamente galardonado y de una tremenda exquisitez. Jubilado el ex alcalde Agatángelo Soler, y apartado por prescripción facultativa de la vida pública, sin apenas seguir su producción literaria y en su chalet de la Serra Grossa, el edificio de San Cristóbal fue vendido en 1994, procediéndose al derribo para reedificar.

El interior de la farmacia situada en este edificio neoclásico disponía de unos acabados en madera pintada de azul, con hornacinas rematadas en arco. Los mostradores eran de madera y vitrinas de cristal, con detalles ornamentales en bronce. Las alacenas y estanterías estaban repletas de los famosos tarros o frascos que guardaban la herboristería y diferentes materias primas para la fabricación de fármacos. Salvo algunas ligeras reformas, la farmacia se conservaba tal como era aquella vieja botica de 1836.
En tan agradable lugar, rodeado de tal ambiente y de personas tan entrañables, no era raro que acudieran muchos contertulios a departir con el doctor Soler. Allí parece que se fraguó la sociedad Los Diez Amigos, fundadores del barrio de Benalúa, cuyo presiente fue José Soler.

Pero no solamente estos próceres alicantinos acudían a la rebotica. Recuerdo que de niño acudí en más de una ocasión a conversar con el viejo don Agatangelo, acompañado de mi padre, Tirso Marín González, y de otros contertulios, como Julio Escoto y Trezza-Río, Juan Caturla, Trino Muntó, Alfonso Guixot y tantos otros. El libro "Un entierro a la federica", donde se nombra a personajes como "El Bocho", propietario de la más famosa funeraria de aquellos tiempos, aparece nada menos que el torero Rafael Gómez "El Gallo", quien a punto estuvo de desmayarse en la mañana de una corrida que toreaba en Alicante al ver lo que había a la puerta de la farmacia de Agatángelo.
El mozo de la una funeraria cercana que portaba —entonces el transporte era manual— un ataúd con destino a una casa mortuoria, dejó el féretro a la puerta de la botica mientras entraba a comprar una aspirina. En ese momento salía "El Gallo", gitano y supersticioso como ninguno, que acababa de comprar un medicamento y, al topar con tan macabro utensilio, dio un tremendo grito. A punto estuvo de suspenderse la corrida de esa tarde. Era la de San Pedro.

Además de Agatángelo y Xavier Soler hay un tercer hermano varón, José, jesuita en Gandía, así como dos hermanas. La fachada de la farmacia que hemos conocido y que fue demolida en los años noventa, estaba superpuesta al primitivo frontal de la vieja finca. Era de mármol blanco con relieves en mármol rojo que representaban cuatro grandes búcaros de los que salían plantas aromáticas y, en el centro de la escena, un gigantesco árbol que ocupaba desde el ras del suelo a la primera cornisa de balcones, según la "Guía de Arquitectura" de 1980.

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