Corría el año 1700 cuando moría sin descendencia Carlos II, último rey de la Casa de Austria en España. Su testamento designaba como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, que reinaría como Felipe V. La decisión no fue aceptada por buena parte de las potencias europeas, que temían un excesivo poder de Francia, y pronto surgió un candidato rival y era el archiduque Carlos de Austria, respaldado por Inglaterra, Holanda y el Sacro Imperio. Así estalló la Guerra de Sucesión Española (1701-1715), un conflicto que en el arco mediterráneo se libró de manera especialmente intensa entre 1706 y 1709. Alicante, fiel a la causa borbónica de Felipe V, tenía su plaza y su castillo al mando del mariscal de campo francés, el conde Daniel O'Mahony, militar irlandés al servicio de Francia.
El asedio de 1706, que duro ocho días y ocho noches de fuego. Siendo el 15 de junio de 1706 fondeó frente a Alicante una poderosa escuadra inglesa —la Royal Navy era entonces la fuerza naval más temible del mundo— compuesta, según los cronistas de la época, por unos 70 navíos de guerra, 30 buques de transporte y 9 pontones, al mando del almirante John Leake. Los ingleses intentaron primero la vía diplomática, parlamentando con Mahoni para que entregara la plaza sin lucha, pero el mariscal francés, que contaba con unos 500 soldados regulares y 1.500 milicianos, se negó a capitular.
Ante la negativa, a comienzos de agosto la flota aliada —inglesa y holandesa, partidaria del archiduque Carlos— desencadenó el asalto. Durante ocho días y ocho noches, los baluartes de la ciudad respondieron al fuego mientras los bajeles bombardeaban desde el mar con bombas y granadas reales; se llegaron a disparar 135 balas de cañón y unas cuatro mil bombas y granadas sobre la plaza. Cada noche, aprovechando las brechas que la artillería naval abría en el Muro del Mar, los atacantes lanzaban asaltos, y cada noche población civil y algunos soldados veteranos acudían con enorme valor a cerrar esas brechas y frenar a los aliados.
El desenlace llegó el 8 de agosto de 1706 cuando los ingleses lograron entrar por una brecha abierta en la Plaza del Mar y tomaron la ciudad. Mahoni, junto con regimientos napolitanos, milicianos de Corbí y un grupo de alicantinos leales, se replegó al castillo de Santa Bárbara para resistir desde allí. Pero el castillo, sometido a un fuego constante y reducido a apenas 235 soldados, no pudo aguantar mucho más; el 7 de septiembre de 1706 Mahoni capituló y entregó la fortaleza, que quedó desde entonces en manos austracistas.
Durante más de dos años, Alicante permaneció bajo dominio austracista mientras la guerra continuaba en el resto de la península. No fue hasta el invierno de 1708 cuando las tropas borbónicas, dirigidas por el mariscal francés Jean-François de Bette, marqués de D'Asfeld, se presentaron de nuevo ante la ciudad y la ocuparon el 3 de diciembre de 1708, entrando por el norte, por el barrio de San Antón. El gobernador inglés, el brigadier Daniel Richards, entregó la plaza sin apenas resistencia armada, consciente de que no recibiría refuerzos a tiempo.
Sin embargo, la ciudad no era el objetivo final era el castillo de Santa Bárbara, encaramado sobre el monte Benacantil, seguía en poder de la guarnición inglesa al mando de Richards, y desde sus alturas dominaba por completo Alicante. D'Asfeld necesitaba también esa fortaleza.
Consciente de que un asalto directo al castillo sería costosísimo, D'Asfeld optó por una estrategia inédita hasta entonces por sus dimensiones y era excavar una gran mina bajo la roca del Benacantil para cargarla de pólvora y volar las fortificaciones desde sus cimientos. Los zapadores franceses se pusieron a horadar túneles a través de la piedra, en una obra que se prolongó durante semanas y que llegó a considerarse la mina de asedio más grande construida hasta la fecha. Los propios ingleses, al advertir lo que se preparaba, excavaron una contramina para intentar adelantarse a la explosión, sin éxito.
D'Asfeld, antes de encender la mecha, invitó en repetidas ocasiones a Richards a rendirse y evacuar el castillo, e incluso le propuso bajar a comprobar personalmente que la carga —se habla de en torno a 1.500 quintales de pólvora— estaba lista para ser detonada. Richards, confiado en el apoyo de la flota inglesa y en la resistencia de la plaza, rechazó una y otra vez la rendición.
En la madrugada del 1 de marzo de 1709 —según algunos cronistas, a las cinco de la mañana del día anterior, 29 de febrero, año bisiesto—, tras ordenar desalojar las casas próximas al Benacantil, D'Asfeld dio la orden de prender la mecha. El oficial encargado de aplicar el fuego, don Miguel Morelló, hizo estallar la carga.
La detonación fue tremenda. Una parte de las fortificaciones del lado sur, entre ellas el baluarte y la llamada casa del gobernador, se vinieron abajo entre nubes de piedra y polvo, y centenares de toneladas de roca salieron despedidas por los aires. El propio brigadier Richards murió en la explosión junto a varios de sus oficiales y soldados; las crónicas de la época hablan de cifras que oscilan entre una veintena y varias decenas de víctimas entre los defensores. El estruendo fue tan grande que, según los relatos, un buen número de casas del barrio situado a los pies del castillo quedaron sepultadas bajo los escombros.
Contra lo que D'Asfeld esperaba, la explosión no bastó para rendir la plaza pues los soldados ingleses supervivientes, reducidos y diezmados, siguieron resistiendo entre las ruinas de la fortaleza con notable tenacidad durante varias semanas más.
La resistencia inglesa se prolongó hasta que, el 19 o 20 de abril de 1709 según las fuentes, los últimos defensores —apenas unos cientos de hombres— abandonaron definitivamente las ruinas de Santa Bárbara y salieron de Alicante con honores de guerra, en reconocimiento a su heroica defensa. Con ello, Alicante se convirtió en una de las últimas plazas valencianas en pasar a manos borbónicas, cerrando así uno de los episodios más dramáticos y recordados de la historia de la ciudad.
Hoy, quien visita el castillo de Santa Bárbara puede todavía reconocer las cicatrices de aquellos episodios y el llamado baluarte de los Ingleses, la garita del baluarte de la Mina y el propio agujero de la contramina excavada por la guarnición británica en 1709 en su intento, frustrado, de anticiparse a la explosión francesa. Son testigos de piedra de ocho días de bombardeo en 1706 y de la voladura de 1709, el episodio bélico más recordado en toda la historia de la fortaleza alicantina.
"Nota metodológica: Artículo completo sobre la voladura del Castillo de Santa Bárbara, contrastando tu texto con crónicas y fuentes históricas de referencia sobre el asedio de 1706 y la voladura de 1709. Incluye el contexto de la Guerra de Sucesión, el bombardeo de agosto de 1706, la capitulación de Mahoni, la recuperación de la ciudad en 1708, la construcción de la mina de D'Asfeld y la explosión de marzo de 1709 hasta la retirada final de la guarnición inglesa en abril de ese año."

BIBLIOGRAFÍA
- La Voladura Del Castillo Santa Bárbara.
- -El contexto de la Guerra de Sucesión.
- -El asedio de 1706 y la voladura de 1709.
- -El bombardeo de agosto de 1706.
- -La capitulación de Mahoni.
- -La recuperación de la ciudad en 1708.
- -La construcción de la mina de D'Asfeld.
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