El incremento poblacional de mitad del siglo XIX agravaba la necesidad de agua en Alicante y el problema tuvo que ser resuelto por nuestros munícipes: se puso paz al contencioso que mantenía desde años atrás con Juan Bautista Lafora por las aguas de los huertos de Arques y Valladolid; se estudió la propuesta de la Sociedad de Nuestra Señora de los Remedios, que presidía Roca de Togores, para la explotación del agua de la mina del Llano de la Cueva, y se negoció con los agricultores propietarios para que vendieran a la ciudad la propiedad del agua de la Casa Blanca.
Fue durante este periodo de escasez cuando el maestro de obras Antonio Garrigós construyó sus pozos en la falda del castillo, y otras personas siguieron su ejemplo.
El 19 de septiembre de 1848, Pascual Llopis solicitaba al Ayuntamiento la oportuna licencia «para abrir a sus expensas un pozo en la plaza de San Francisco (actual plaza de Calvo Sotelo), comprometiéndose a construir a sus orillas un pilar con su correspondiente pileta para que sirviera de abrevadero a las caballerías». El solicitante alegaba que con esta obra hacía un beneficio público a los vecinos de aquel populoso barrio y evitaba que los animales tuviesen que desplazarse «hasta el Malecón o el pozo de San Antón» para beber.
Pasada la solicitud a informe del arquitecto municipal, este dio su aprobación matizando que se construyera en el centro de la plaza. A su vez, la Comisión de Ornato dispuso que el pozo se ubicara «a la altura de la casa de D. Juan Bonifacio». Con estos informes, el cabildo del 22 de diciembre concedía la oportuna licencia, pero con las siguientes condiciones:
La obra del pozo debía ejecutarse bajo la dirección del arquitecto municipal.
El pilar para el abrevadero debía situarse «hacia el camino de Elche (actual avenida del Doctor Gadea) y arrimado a los árboles que allí existen».
El agua sobrante del pilar debía verterse por medio de un conducto subterráneo «al barranco del Diluvio, sobre el frente de la muralla».
En marzo daba el gobernador su aprobación para iniciar las obras del depósito «a espaldas del citado edificio» del teatro, y 90 días después el aljibe quedaba acabado. Pero en lugar de abonar el Ayuntamiento los 2.696 reales acordados, pagaba a mediados de junio «4.044 reales con 50 céntimos, y además el importe del abrevadero».
El lector se preguntará el porqué de este aumento. Diremos nuestra sospecha: en los documentos aparecen firmando como director de la empresa del teatro D. Francisco de Paula Villar; como presidente de la sociedad propietaria, D. Tomás España, y este mismo era el alcalde de Alicante. La sociedad del teatro se ahorraba 1.348 reales y los pagaban las arcas municipales.
Pero tenemos otra prueba de amiguismo: el mismo día que el gobernador aprobaba las obras, D. Francisco de Paula solicitaba al cabildo que le nombrara «maestro director de la Capilla de Música, ofreciendo servirla gratis y por sólo la honra que el destino le proporciona». Como la capilla ya tenía de titular a D. José Fons, el Ayuntamiento dividió el cargo dejando a Paula Villar «la dirección de orquesta en todas las grandes funciones y actos», y a Fons «el órgano y las funciones ordinarias». Pese a que el nuevo director no exigía estipendio alguno, el Ayuntamiento resolvió asignarle una gratificación.
CREDITOS
REDACTOR: Enrique Cutillas Bernal
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TITULO: Un pozo en el centro de la ciudad | Copyright ©
SECCIÓN: Historias de Aquí Copyright ©
PUBLICADO EN: Diario Información | 26/10/1997 | Copyright ©
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