martes, 27 de enero de 2026

Los orígenes de los Arenales del Sol

    Muchas veces los alicantinos hemos ido a la playa de los Arenales del Sol, hoy una consolidada realidad. Alicantinos e ilicitanos, sobre todo, tienen en ese núcleo receptor su segunda vivienda e incluso algunos su vivienda definitiva. Su paseo, su playa, sus edificios… prestigian la zona. Pero pocos saben que el promotor de los Arenales, el que convirtió lo que en los años cincuenta (finales) y sesenta (principios) no era nada más que una inmensa cantidad de arena, un desierto, en una zona de esparcimiento turístico y de ocio, fue un alicantino nacido en Santa Pola, Tomás Durá Bañuls (don Tomás, como yo le llamo por respeto y admiración). Nucleado el crecimiento de la zona alrededor de un hotel emblemático, hoy desaparecido, el hotel “Arenales del Sol” o bien “Hotel Los Arenales”, como también se le denominaba.

Sirvan estas modestas líneas como homenaje a este gran promotor y a nombres que en la primera etapa del gran despliegue turístico alicantino pusieron su grano de arena (nunca mejor dicho) para hacer realidad el despliegue económico (en el plano de la turismación) de nuestras tierras. Además, Alejo Bonmatí, Manuel Quesada, Luis Villó… son nombres que no pueden quedar en el olvido. De ellos nos ocuparemos con algún detalle líneas abajo.

Conocí a don Tomás en el año 1966. El motivo fue el siguiente: estando cursando la carrera de Turismo en la Escuela de Turismo de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante, sita en la calle Ángel Lozano, era preceptivo realizar unas prácticas en algún establecimiento de este sector, bien fuera un hotel, una agencia de viajes o una oficina de información turística. Siendo presidente de la Diputación de Alicante don Alejo Bonmatí, y sabedor del papel impulsor del turismo en Alicante llevado a cabo por esta institución, me dirigí a la Diputación.
Allí me orientaron muy bien, dándome completa información, que agradecí, y recomendaron que podía hacer las prácticas, entre otros establecimientos, en el hotel de los Arenales, puesto que además de estudiar la organización del hotel podría ver la puesta en marcha de una amplísima serie de urbanizaciones en esa zona emergente, entonces prácticamente un desierto de abundante arena. Se trataba de uno de los primeros “resorts” de nuestra provincia.

Fui al despacho de don Tomás Durá a solicitar que me admitiera en ese verano de 1966 como becario, y muy amablemente, accedió. Me impresionó su seriedad y ese saber estar de todo un caballero, que me trató con exquisita cortesía. Desempeñé en ese centro el puesto de jefe de conserjería, donde trabajaba además Miguel, un empleado ejemplar. Y eché una mano también en recepción, pero solo como apoyo. Me fue muy útil la experiencia y buena parte de la memoria que elaboré se basó en ella, presentándola a mi profesor de Publicidad y Relaciones Públicas de la Escuela de Turismo de Alicante, el señor Colombo.
El importe de la beca lo aproveché bien y, entre otros elementos que me fueron muy útiles, pude adquirir el método «En France comme si vous y étiez”, en francés, para perfeccionar el idioma. Constaba el método de un gran libro y de discos de vinilo con diálogos y canciones.

Don Tomás recibía periódicamente revistas de su especialidad, la ingeniería y la construcción, pues le gustaba mucho estar al día en su profesión. Era un buen lector y siempre con ánimo de hacer de los Arenales un centro turístico ejemplar. Forma parte de esos pioneros de los primeros tiempos del turismo moderno en Alicante, y tampoco olvidemos al gran Pedro Zaragoza, el “alma” de Benidorm. Don Tomás se casó en 1948 con María Sabater Carbonell.
El hotel comenzaría su construcción en 1960 y abrió sus puertas en 1963, cerrándose definitivamente en 1979, porque fueron unos años difíciles y no llegaban muchas ayudas, si bien ya cerrado el establecimiento, el matrimonio siguió viviendo en sus instalaciones hasta el fallecimiento del señor Durá. Su viuda pasaría entonces a vivir en su piso de Alicante.

Todos los días, por la mañana, un autobús de la empresa de don Tomás recogía a los empleados en la parada que estaba junto al kiosco del parque de Canalejas y nos traía por la tarde (en el caso de mi turno) otra vez a Alicante.
El hotel era muy completo y destacaba la piscina y el servicio de comedor, con esmerados menús. Tenía unas instalaciones modernas, vanguardistas, y fue el motor o impulsor de una serie de edificios que poco a poco irían convirtiendo ese “desierto” en todo un núcleo receptor de primer orden, con muchos extranjeros (sobre todo franceses e ingleses) y ciudadanos de Elche y Alicante que allí establecerían su segunda residencia.
Yo tenía el turno de mañana y tarde y rara vez me asignaron el turno de noche.

Don Tomás se ocupaba personalmente de todos los detalles del establecimiento, y cada día se daba una vuelta por los distintos departamentos: conserjería, recepción, cocina, comedor, servicio de habitaciones, servicio de piscina…
Quería que las cosas funcionaran al máximo nivel y en efecto lo conseguía, pues era muy meticuloso y responsable y el hotel era para él prácticamente, como nos podemos imaginar, su vida y su obra. Igualmente, era impulsor del conjunto de edificios y de urbanizaciones que poco a poco iban ensanchando los Arenales.
La despedida de mi estancia allí, una vez terminado el verano, fue muy emotiva, pues ya acabadas mis prácticas tuve que reintegrarme al tercer curso de la carrera de Turismo. Había cogido cariño al hotel por su trato tan familiar y entrañable hacia mi modesta persona.

A don Tomás le unía estrecha amistad con el señor Bonmatí, y al mismo tiempo don Manuel Quesada Martín, el director de la Escuela de Turismo de Alicante, formaba parte de su círculo de amistades. Tres pioneros y tres nombres que hicieron grande esta etapa, un tanto olvidada, de inicial despegue del turismo alicantino.
Tuvo don Tomás (1921-1989) una preclara visión. Los Arenales eran inicialmente un paraje desértico, virgen, donde las corrientes marinas removían la arena, las olas la extraían y los vientos de levante la arrastraban y amontonaban para dar lugar al nacimiento de bellas dunas. Todo ello fue transformándose en lo que sería una de los mejores “resorts” de Europa de la época.
Arenales posee tres lugares naturales característicos: Clot de Galvany, Dunas del Carabassí y Sierra del Cabo de Santa Pola. Arenales del Sol no es propiamente una pedanía, sino un núcleo urbano que pertenece al término de El Altet-Los Balsares y en realidad es la playa de los Saladares.
Mucho debemos a don Tomás, pues además de ser el “fundador” de los Arenales del Sol, fue promotor del Aeropuerto de Alicante, constructor de viviendas en la capital lucentina, creador del puente de Orihuela sobre el río Segura y del trazado de la Carrasqueta y Presidente del Centro de Iniciativas Turísticas de Alicante, por solo citar algunas de sus muchas contribuciones.



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CREDITOS

REDACTOR:  José Moratinos Iglesias

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TITULO: Los orígenes de los Arenales del Sol

SECCIÓN: Reportajes  Copyright ©

PUBLICADO: Hoja del Lunes | 20/06/2022  | Copyright ©



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